
Hay cultivos que durante décadas estuvieron en los márgenes del sistema agrícola argentino y que hoy, de golpe, aparecen en el centro de la conversación. La colza, la camelina y el cártamo son tres de ellos, y sus números ya no dejan lugar a dudas: algo está cambiando en la forma en que el campo argentino piensa el invierno.
El salto en números: de 30.000 a 170.000 hectáreas en tres años
La superficie sembrada con estos cultivos de invierno pasó de 30.000 hectáreas a más de 170.000 en apenas tres años, según un reciente informe de la Bolsa de Comercio de Rosario. No es un crecimiento gradual: es una explosión que refleja un cambio de mentalidad entre los productores. LA NACION
Entre Ríos aparece como la provincia con mayor superficie implantada, alcanzando 31.200 hectáreas en la campaña 2025/26 con una producción de 48.620 toneladas. La colza, por su parte, se concentra principalmente en Tucumán, Chaco y Santiago del Estero, con presencia adicional en Santa Fe y Córdoba. Economis
¿Por qué ahora? La clave está en los biocombustibles
El motor detrás de este crecimiento no es casualidad: es la demanda global de combustibles más limpios. Argentina ya es considerada el principal exportador mundial de carinata, y gran parte de la producción se envía a Europa para su procesamiento industrial como combustible sostenible para aviación. El Litoral
La oportunidad financiera es concreta. La camelina muestra márgenes estimados de 143,6 dólares por hectárea, mientras que la carinata alcanza 103,7 dólares, aunque referentes del sector aseguran que en condiciones favorables los rindes reales pueden superar ampliamente esos valores. El Litoral
Lo que aportan más allá de la cosecha
Una de las razones por las que estos cultivos entusiasman a los agrónomos es que su valor no se mide solo en lo que rinden. Ocupan el barbecho invernal, ese período entre dos cultivos de verano que antes quedaba sin producción. Permiten aprovechar suelos ociosos, mejoran la calidad física y biológica del suelo, y generan aceites para biocombustibles con baja huella de carbono. Agroempresario
En otras palabras: el productor gana una renta adicional en meses que antes no generaban nada, y encima mejora el lote para el cultivo siguiente.
Las empresas que ya apostaron fuerte
Bunge alcanzó las 90.000 hectáreas sembradas con camelina, colza y cártamo en Argentina, triplicando la producción respecto a la campaña anterior, distribuidas en más de 1.000 lotes en ocho provincias. El desarrollo está enmarcado en su programa de agricultura regenerativa orientado a materias primas para biocombustibles de segunda generación. Mundo Agropecuario
Otro dato que llama la atención: el 75% de los cultivares de carinata pertenecen a una empresa santafesina con centro de investigación en Venado Tuerto, lo que muestra que parte de la tecnología detrás de este boom es genuinamente argentina. Mundo Agropecuario
¿Le conviene al productor mediano?
La respuesta depende de la zona y del tipo de contrato. Hoy la mayoría de los productores que entran en estos cultivos lo hacen a través de acuerdos con empresas que proveen la semilla y garantizan la compra de la producción. Eso reduce el riesgo inicial pero también limita el margen. Para quien quiera entrar, la recomendación de los especialistas es empezar con una superficie acotada, hacer el análisis de suelo previo y no saltearse el seguimiento técnico.
Lo que está claro es que estos cultivos dejaron de ser una apuesta de nicho. Con 170.000 hectáreas ya en producción y una demanda internacional que no para de crecer, el invierno argentino empieza a valer mucho más que antes.